Dios está trabajando en ti en formas asombrosas en este mismo momento

En este artículo:

•  Cuando la cena de sushi se convierte en satisfacción divina

•  Cuando podemos esperar la presencia de Dios

•   Las formas en que Dios se hace presente en este momento

A menudo esperamos que Dios se manifieste de manera demostrativa y en lugares obvios: Dios partiendo el mar, realizando milagros de sanidad, en la voz incorpórea de Morgan Freeman. El Espíritu con frecuencia se mueve en nuestras vidas de maneras más sutiles. Si estamos conscientes y ponemos atención, por cierto que seremos testigos de maneras igualmente asombrosas en las que Dios interrumpe nuestra vida diaria con algo significativo y santo.

Después de pasar un día buscando casa, mi familia y yo decidimos hacer una pausa e ir a cenar. Nos fuimos a un nuevo lugar que sirve todo el sushi que uno pueda comer.

Ordenamos más suchi del que podíamos comer. Nos trajeron tanto sushi que la bandeja cubría casi toda la mesa.

Teníamos hambre, así que nos pusimos a comer.

Me estaba llenando cuando noté que todavía quedaban muchos rollos de sushi en la bandeja. Ahora bien, la política del restaurante estipula que si al termina de comer todavía quedan rollos, le cobran a uno un dólar por cada uno. De ninguna manera dejaríamos que nos cobraran por el resto de la comida, así que seguimos comiendo. Pareció toda una eternidad de estar obligados a comer y, sin embargo, todavía quedaban rollos.

Ahora me doy cuenta de que no resplandecimos muy bien.

Glotonería.

Exceso. Desperdicio.

Ya me doy cuenta.

En mi consciencia escuché la voz de mi mamá diciendo: “Tú sabes que hay niños en el mundo que ansían comer la comida por la que reclamas”.

Pero no imponga sentencia todavía… porque se pone peor

Empecé lenta y sigilosamente a meter servilletas llenas de suchi en mis bolsillos —le advertí que la historia se pone peor. Miré para asegurarme que mi esposa no me veía, cuando me di cuenta de que ella hacía lo mismo. Cuando nuestros ojos se encontraron, nos pusimos a reír muy fuerte. Me reí tan fuerte que perdía la respiración y sentí que el sushi subía por el esófago. Mi hijo se puso a reír al vernos reír tan fuerte.

Cuando el ataque de risa se calmó, me sentí tan lleno, no sólo de comida, sino que mi alma y corazón estaban llenos.

Como sentía una especie de experiencia paranormal, nos vi a los tres sentados a la mesa y sentí una abrumadora sensación de bendición que me invadía —ya habíamos dejado de tratar de ocultar nuestra gula. ¿Qué más podía pedir que no sea volver al pasado para ordenar menos sushi? Me sentía profunda y verdaderamente bendecido.

Era un momento ordinario, pero a la vez muy profundo. No podía zafarme de la sensación de que la presencia del Señor estaba allí en ese momento.

¿Cuándo podemos esperar la presencia de Dios?

Esa es una de las cosas más frustrantes del Espíritu de Dios. Siempre esperamos que Dios se manifieste en lugar obvios y demostrativos. Buscamos lugares ruidosos y directos para Dios porque esperamos que Dios hará una gran entrada anunciando su presencia.

Tendemos a buscar a Dios en los vientos fuertes; los incendios furiosos; en terremotos atronadores, pero tal como Elías (1 Reyes 19:11-13) más bien debemos concentrarnos para oír la delgada y silenciosa voz de Dios.

Cierto, hay momentos en que, llenos del Espíritu, experimentamos cosas milagrosas e inexplicables. Pero con más frecuencia, los momentos llenos del Espíritu ocurren en lo pequeño, ordinario y rutinario de nuestra vida diaria.

En el camino a Emaús, Jesús se reveló completamente cuando tomó, bendijo, partió y repartió el pan entre los presentes en una cena ordinaria. También estuvo presente en una simple caminata a una ciudad.

Esta es la buena nueva: usted no tiene que ser una persona extraordinaria y hacer cosas sobrenaturales para estar llena del Espíritu Santo. Piense en cosas como:

El mensaje de texto que envió a un amigo;

La comida que llevó a la familia con alguien recuperándose de una cirugía;

El café que disfrutó con una amiga para reconectarse;

El almuerzo que tuvo con sus colegas;

Y también la risa que compartió ante la escena ridícula de usted y su esposa tratando de llenar sus bolsillos con sushi. Estos son santos momentos llenos del Espíritu.

La presencia del Señor está siempre a nuestro alrededor. Si hacemos espacio para el Espíritu, el Espíritu viene. La pregunta clave es: ¿Estamos conscientes? ¿Estamos poniendo atención? ¿Estamos presente?

Joseph Yoo es autor de When the Saints Go Flying In.  Se mudó de la costa oeste para vivir feliz en Houston, Texas, con su esposa e hijo. Sirve en Mosaic Church, Houston. Visite josephyoo.com

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